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domingo, 9 de septiembre de 2018

VIII -  HISTORIA(S) DE VIDA: JUAN

Epilogo

Entre certezas absolutas y dudas paralizantes, entre persecución y muertes, entre santos  y prostitutas,  entre el Cielo y el Infierno, entre el ser y el parecer, entre el reconocimiento y la nada…

Él es un péndulo.

Se han mencionado incansablemente las bondades de comenzar toda historia por un principio, pero esta no es una historia sino varias, por eso el punto de partida -y punto de llegada- es Juan.

 ¿Empezamos otra vez? [1]

ººº

[1] La invitación abre la posibilidad de reconstruir la historia en todo momento, reconstruirla desde el inicio –que se proponga cómo tal-. Pero ésta, cómo otras tantas historias, nos impone el desafío de que están en un constante escribir(se)…

ººº

Ma. Laura Almirón

jueves, 6 de septiembre de 2018



Anteúltima entrega

VII - HISTORIA(S) DE VIDA: JUAN


Pero aunque la muerte sigue rondando en su vida –por más irónico que suene-  esta historia no acaba allí.

Hoy la muerte es para Juan la invitada que no llega y a la que él llama sin cesar. Confiesa no tener deseos de vivir, siente que la vida ha perdido todo el sentido. Rememora con añoranza un pasado que en su discurso se vuelve presente, y él lo saborea gustoso… reniega de un futuro que no le dispensará según cree más que padecimientos.

Los días en el Hospital para Juan pasan teniendo que reafirmar a cada momento quién es, y qué no es.

No es Dios, es enfermo mental, esquizofrénico paranoide según afirma…y esto, cree, lo exime de cualquier error, cualquier equivocación, cualquier falta de precisión en algún juicio de valor. 

No es Dios, y por lo tanto se le está permitido pecar, tentarse –más aún porque el mismo Dios lo ha hecho-, cómo lo hizo con Cachito a sus tan solo 7 años y con Vitto a los 18. Afirma que nunca más estuvo con un hombre y que…

No es Dios, y no es marica. La sexualidad parece ser un tema que lo atormenta, muchas veces se dice ramera, otras tantas macho,  galán, hombre a medias. Hoy por hoy práctica frialdad sexual, y eso también lo acongoja…

***

Ma. Laura Almirón

Las fotos utilizadas en esta serie, corresponden a esculturas del artista español Julio Nieto

martes, 4 de septiembre de 2018




VI - HISTORIA(S) DE VIDA: JUAN

Pero su amor por las almas no quedaba allí. Le apasionaba también la psicología, la psicología pura de Paul Jagot, quién, según sus palabras, era todo un sabio y ésta no era sino una cualidad admirable para Juan.

La sabiduría, la verdad, la certeza. Comenzó a interiorizarse en sus lecturas a los 14 años, época coincidente con el abandono del Liceo militar y con su primer “diagnóstico” de enfermedad –con internación-.

 Su admiración por Jagot crecía año tras año, y no podía sino dedicarse por entero a sus lecturas… pero la fascinación tuvo en un momento un punto trágico.


Al no poder comprender uno de los libros, al enfrentarse a la inermidad de no saber, de sentirse despojado de certeza decidió matarse -Sí, fue ahí cuando ingresa por primera/¿segunda? vez al Hospicio-.

 Su segunda muerte sería después, está vez el motivo fue que lo hayan dejado en el infierno, que lo hayan dejado en dónde no pertenecía.

***
Ma. Laura Almirón

domingo, 2 de septiembre de 2018





V- HISTORIA(S) DE VIDA: JUAN

Aunque víctima del infierno mismo, no impidió que Juan siguiese adelante con su vida. A los 21 años –aunque sin poder precisar cómo- lo habían postulado para presidente de la Nación.

Lamentó no haber sido elegido, aunque cree que en gran parte se debió a no haber hecho campaña… y quizás también a que su nombre distaba mucho del que estaba en la boleta. 
Sin embargo, no fue la única vez que cambiarían su nombre sin su consentimiento…

Cómo buen amante de las almas,  era un increíble escritor. Tal es así que le valió un premio Nobel.

Escribió vastas poesías y algunos libros, uno de ellos y el que más recuerda es “Belleza”, también registrado bajo otro nombre diferente del suyo… ésta vez dijo se trataba de un seudónimo...

***
Ma. Laura Almirón

viernes, 31 de agosto de 2018




IV - HISTORIA(S) DE VIDA: JUAN

Dice haber tenido mucha suerte con las mujeres, desde muchas novias, hasta varias prostitutas. Era todo un galán, y orgulloso de serlo. En ocasiones, cuando no gustaba más de su rostro, Juan lo cambiaba…

¿Cómo? Gracias a la cirugía natural que desde que tiene memoria aprendió a practicar…y así, logró tener el rostro de Alfredo Alcón,  Arnaldo André, Palito Ortega y Carlos Menem –su íntimo amigo-…todos galanes que lo ayudaron a conseguir las mujeres que tanto le gustaban. Pero no todos los parecidos le resultaron efectivos. Por uno, incluso, hasta el día de hoy lo persiguen...

...Juan tenía un tío paterno, de nombre homónimo con el cual lo confundían constantemente. Su similitud era, por lo que cuenta, increíble, excepto por un pequeño detalle…su tío era asesino –eso le habían dicho al menos las indirectas-. Esto no era algo que perturbase a Juan, pues creía que todos cometemos errores…. corrección, no era algo que perturbase a Juan hasta aquel día, cuándo con tan sólo 12 años lo citaron a declarar por la muerte de John Kennedy.

Lo encontraban culpable. Anonadado, no tuvo más que decir que la verdad. Transmitía ondas rechazantes, tenía la facultad mental alterada, sufría delirio…pero eso no le quitaba la certeza de que Él no había sido, y que tanto entonces como ahora no era sino una víctima de la justicia. 

Víctima de la justicia. Víctima de la ira de Dios. Víctima de la mujer de su vida. Víctima del infierno mismo. Víctima de su vida… y hasta hay días, dice Juan, que es víctima de mí. Se lo dicen en los pasillos y en la televisión.

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Ma Laura Almirón

miércoles, 29 de agosto de 2018



III - HISTORIA(S) DE VIDA: JUAN


Ingresa al Hospital tras haber muerto, tras haberse matado. Su destino, según Dios era ir al cielo, pero por una especie de confusión y designio de “la mujer de su vida”, el lugar terminó siendo el infierno, literalmente, el Hospital. 

Desde ese momento (si es que no fue incluso antes) empezó a establecerse entre Juan y Dios una relación que por lo pronto podríamos tildar de complicada. Sin embargo, eso no evitó que Juan hiciera 11 milagros. Nada más ni nada menos. Muchos de los pacientes, compañeros suyos, agradecidos por demás, habían decidido junto con Dios declararlo el primer santo argentino…Y otra vez la mujer de su vida aparece, para truncarle el destino. ¿Quién es ésta mujer?

Bruja, ramera, princesa, virgen. Juan no duda en compararla en ocasiones con Catalina de Alejandría, a quién endilga la finalización del Edén, porque fue quién hizo pecar a Dios.  Quizás sea por ello que tiene igual poder sobre Dios que Catalina… 

Y es que a Dios como a Juan, las mujeres lo enloquecen, les hacen perder el buen juicio –o eso al menos es lo que profesa-. La mujer de su vida, fue  amor a medias en la infancia, alrededor de los 6 o 7 años. Un amor imposible de concretar, en el sentido más sexual del término –aunque así ella lo haya querido-. Lo cierto es que para Juan, sin querer o queriéndolo sin saber, ella terminó por conducir varias instancias de su vida, aun estando muchas veces fuera de ella...

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Ma Laura Almirón


martes, 28 de agosto de 2018




II- HISTORIA(S) DE VIDA: JUAN


Juan y su madre paseaban todas las tardes por el centro de la ciudad. No sólo era una rutina, sino un hábito que ella intentaba crear, que creía fortalecería el vínculo con su niño y abriría paso a una nueva vida lejos de aquella otra que la habitó y que ahora se veía tan distante. Una de esas tantas tardes, luego de un arduo día de búsqueda laboral, buscó a su hijo de la guardería y fueron juntos a merendar a un prestigioso lugar.  El dinero no era algo que le sobrase, menos aún en su actual estado de recesión, pero tenía la idea de gastar toda esa impúdica “recompensa” a lo grande, dándose todos los gustos.

Elena estaba agotada, haber estado todo el día en la cocina merecía unos minutos de descanso. Sus pechos últimamente dolían cada vez más, pero no la hacían padecer tanto cómo el dolor en el alma que la acechaba. Sentada en una mesa, no pudo evitar quedar embelesada por un bonito niño que dormitaba en un cochecito y al cual la madre parecía no prestar la más mínima atención –estaba atendiendo… a otros. Cómo bien lo expresa una frase,  Old Habits Die Hard-.  

Capturada por la imagen de aquél bebé, los más insólitos pensamientos empezaron a sucederle. Sus anhelos se hacían carne, su deseo palpable… sólo bastaba con… sólo necesitaba… sólo tenía que… HACERLO. 

Dueña de una actitud reprochable, sin vacilar, tomó el cochecito y emprendió rumbo sin parar, sin detenerse, hasta cruzar la frontera…
 
En palabras de Juan, ese día hubieron dos (re)nacimientos: el suyo, –el inicial de tantos que tendría- pues por primera vez fue inscripto en el registro y reconocido cómo neonato, y el de su madre, Elena… Quizás fue desde entonces que Juan siente que hay algo de santo en él, de hacedor de milagros. Pero su verdadera “consagración” cómo tal es de años después, varios años, en el Hospicio.

ººº

Ma. Laura Almirón


lunes, 27 de agosto de 2018



I - HISTORIA(S) DE VIDA: JUAN



Se han mencionado incansablemente las bondades de comenzar toda historia por un principio, pero no es tarea sencilla, menos aun cuando a esta historia en particular es difícil encontrarle calendario…   Por eso el punto de partida -y punto de llegada- es Juan.

Juan es un hombre de unos 56 a 58 años. En lo que va del año ya ha festejado al menos dos veces su cumpleaños, y éste, no es para nada un dato menor; se podría decir que estas celebraciones van de la mano con la cantidad de (documentos de) identidades que tiene en su haber. Puede que por ello también le sea particularmente dificultoso historiar esa parte de su vida, no es un hombre que acepte vivir sin certezas. Sí está muy seguro de otras tantas cosas, entre ellas, de que su llegada al mundo tuvo todo de singular…

Corrían los años 50, cuando en uno de nuestros países vecinos, una mujer de vida fácil daba a luz a un niño. A pesar de todo pronóstico, los primeros meses al lado de su madre pincelaban un futuro prometedor,  pero el relato no acababa ahí, grandes cosas aguardaban para aquel niño.
 
Otra mujer apareció en escena, Elena. Oriunda de un pequeño pueblo del interior, trabajaba como empleada doméstica por las mañanas y por las tardes de cocinera en un restaurant. Elena vivía la vida feliz sin mayores preocupaciones, era muy sociable y gustaba de pasar tiempo con su familia.

Conforme pasaba el tiempo, esta hermosa mujer iba ganando prestigio en su restaurant, motivo por el cual la convocaron a trabajar en un famoso local de nuestro vecino país. Elena sentía que todo lo que había planeado para su vida estaba tomando forma, todo menos una cosa, la posibilidad de convertirse en madre. No tenía, en ese momento, una pareja estable, por lo que la idea rara vez cruzaba su mente y no fue sino hasta que sucedió un infortunio –nunca tan bien usada la palabra- que esa vaga idea se convirtió en profundo anhelo y esperanza.

Hacía ya algunos meses, Elena sentía cambios, cambios que en un principio no podía precisar, pero que más tarde, de hecho se hacían sentir en todo su ser. Su vientre estaba más hinchado que de costumbre, y con el correr de los días sus pechos acrecentaban exponencialmente su tamaño. Prefirió, en un primer momento desdeñar los llamados de su cuerpo, no había tiempo para atender a cualquier otra cosa que no fuera su trabajo. Pero pronto vendría el malestar, un dolor imposible de velar.

Cada mañana era, desde entonces, un agobiante despertar, sus pechos ya no sólo habían cambiado de tamaño, sino que también empezaban a doler. Éste fue el último llamado de atención. Médico urgente. Elena, optimista cómo pocos, frente a tales signos se hizo el primer autodiagnóstico. Embarazo. No había nada de qué preocuparse, el médico sólo sería la confirmación de aquello que desde ese momento se convirtió en su verdadero deseo…

Pero la visita no trajo sino pálidas.  Dios, el destino, el azar, son los fundamentos últimos que tienen los médicos para explicar aquello que simplemente se les torna inabordable; lastimosamente para Elena “Éstas, son cosas del azar Sra., sólo Dios sabe el por qué” fueron las últimas palabras que escuchó de boca de unos médicos. No podría tener hijos y era de lo más enigmático el porqué de sus síntomas. Desde ese momento algo murió en Elena.

continuará...

ººº
Ma. Laura Almirón