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domingo, 7 de octubre de 2018




LA GOTA QUE REBALSÓ…


Pensaste que era amor, que por fin tu gris vida tendría color, sentías que era la persona perfecta para vos, que era amor. Vos lo amabas y él te amaba. Bah!, creías que él te amaba. Querías creer que él te amaba. Pero ya al tercer día de convivencia, lograste ver su verdadero rostro detrás de esa cara angelical. El caballero y atento hombre que te conquistó, había desaparecido.

Y fue así que llegaste sin saberlo, casi sin darte cuenta y sin embargo, el infierno quedaba a la vuelta. Y que era real, no solo marketing de religión. Se podía palpar, sentir en el cuerpo pero también en el Alma. Y recuerdas cuando te obligaron a leer el Dante en la secundaria, y recuerdas que decías que eso era ficticio, que solo estaba en la imaginación de un individuo coaptado por la iglesia, que eso en realidad nunca pasaría o a lo sumo, tendrías que estar muerta, pero entonces ya nada te importaría.

Pero no estás muerta y empiezas a darle la razón al Dante. Vas reconociendo en tu vida, muchos de los lugares descriptos por él.

Te empezó a aislar de tus amigos y tu familia. Controlaba como te vestías, donde ibas, con quién te encontrabas, a qué hora volvías. Conociste la violencia psicológica, esta fue mucho antes que la física, la cual irremediablemente llegó. Primero unos apretones en los brazos que apenas dejaban algún pequeño moretón. Luego ya empezaste a usar mangas largas y pañuelos al cuello, aun en pleno verano. Tus amigas al principio te elogiaban porque todos los días, aun para ir al mercado estabas impecablemente maquillada.

Pero el colmo llegó cuando se empezó a meter con las nenas (a manosearlas según ellas), al principio no querías creer que se animara a tanto, luego la evidencia habló por si sola. Y llegó la separación, restricción de perímetro, etc, etc. Nada de eso impidió que siguiera apareciendo, transformando el purgatorio que era tu vida en un verdadero infierno.

Fue así como decidiste irte a otro lugar a vivir con tus hijas. Y por un tiempo te sentiste viva nuevamente y hasta te animaste a conocer a una nueva persona con la que podrías reconstruir tu vida. Pero era demasiado bueno como para ser cierto. No te imaginas como pudo averiguar tu paradero, pero lo hizo. La rueda de la noria del infortunio empezó a girar nuevamente y todos los fantasmas del pasado aparecieron nuevamente, e hicieron que solo veas negro en tu futuro. Pero esta vez no lo dejarías que nuevamente irrumpiera tu vida y la de tus hijas, eso nunca más volvería a pasar.


Como flashes y en cámara lenta, crees ver lo que pasó. La puerta de la casa fue violentada con un gran ruido y la voz de él se escuchaba gritando “dónde estás puta de mierda, a mí nadie me abandona” antes de que te pegue el primer sopapo… Lo segundo que crees ver es cuando tomaste el cuchillo grande de la cocina y empezaste a defenderte… un gran charco de sangre, él tirado en el piso (parece que está muerto, no se mueve), tu cara hinchada por los golpes y la nada…

Ahora, tras las rejas del frío calabozo, solo esperas.

...

Cuando todos en la sala se pusieron de pie, te diste cuenta que los jueces entraron y darían la sentencia que marcaría los próximos años de tu vida.

“…por el asesinato de Juan José Arreseigor, cuyos detalles han sido relatados ut-supra y en vista de las pruebas y testimonios recogidos durante la audiencia, encontramos que la acusada en autos, actuó en legítima defensa, la declaramos libre de culpa y cargos, ordenando su inmediata libertad…”

***

El excelso ciudadano

domingo, 23 de septiembre de 2018


LAS FALDAS DEL  PECADO     



La joven mujer llegó a la comisaría del pueblo, con la ropa hecha jirones y totalmente bañada de sangre. Dudó un instante y luego entró y se dirigió al oficial que se encontraba leyendo, en el escritorio de la entrada. A media voz ella dijo –buenas, quiero hacer la denuncia de una violación - el oficial dejó la lectura. No levantó el tono de la voz ni hizo un gesto que lo indicara, pero claro se escuchó, siéntese, con tal autoridad, que no permitió ni un dejo de duda. Luego mirándola directamente a los ojos le preguntó: ¿cómo dice Ud. que ocurrieron los hechos?

La mujer, tartamudeando, empezó un relato, entrecortado y con lágrimas en los ojos..."yo, yo...terminaba de cerrar la puerta cuando...cuando sentí que me respiraban en la nuca, mientras una mano áspera me tocaba la entrepierna, mientras...mientras al mismo tiempo me decía con una voz aguardentosa -no grites, porque te mato aquí mismo-"

Y mientras iba relatando lo sucedido, por su mente las imágenes –como fotos- vividamente aparecían en secuencia… cuando la arrastraba al dormitorio y la tiraba en la cama, el reflejo de ese rostro desencajado,  como poseído por el mismo diablo, las ropas rompiéndose y el cortapapeles.. el cortapapeles que había quedado en la mesita de luz y que alcanzó a manotear.  Y no sabe de dónde sacó las fuerzas necesarias, pero que usó contra su atacante una y otra vez, tal vez, más de una veintena de veces.  Cuando sintió que su atacante ya no tenía más fuerzas, se deshizo de él y corrió las dos cuadras que separaban su casa de la comisaría.

Cuando hubo terminado su relato, el oficial – totalmente indiferente-  le pregunta ¿Ud. lo conocía?
 ...
Ella, mirándolo más allá del dolor y tal vez, de esta vida, lacónicamente le dice ¡Sí!, era el Padre Pepe, el cura de la iglesia del pueblo…

ººº
El excelso ciudadano